Opinión
Idiocracia
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- Creado en Miércoles, 08 Febrero 2012 22:38
- Escrito por Santiago Lamelo

Tal vez la película que más me ha gustado de Píxar es Wall-e. Muchas de las razones se encuentran en los quince o veinte minutos iniciales, los cuales me parecen magistrales en todos los sentidos, pero hay otra razón fundamental, y es la crítica que hacen sobre la influencia que tiene la pereza en la estupidez humana. Las escenas de los supervivientes, gordos y con sus miembros tan atrofiados que apenas pueden andar mientras circulan sentados en butacas llenas de pantallas, es una forma audaz de expresar lo que pensamos muchos: si todo es demasiado fácil y cómodo, acabaremos convirtiéndonos en amebas.
Relacionado con la crítica que hace Píxar me he encontrado un artículo llamado Idiocracy donde se argumenta que la pereza nos va a convertir en idiotas, puesto que evolutivamente lo que no se usa se acaba atrofiando, y si la inteligencia humana es capaz de las cosas más asombrosas, la tendencia actual es que a la sociedad nos llegue todo bien masticado para que podamos digerirlo sin dificultad. Parece que en la sociedad de consumo que tenemos, todo debe ser más cómodo para que no tengamos que esforzarnos y así poder emplear esas energías ahorradas en... ¿seguir comprando?, ¿seguir como borregos a los líderes?. No lo tengo claro.
Hay muchísimos ejemplos de lo que se critica tanto en el artículo como en Wall-e, pero como esta es una web de videojuegos, es precisamente en este medio donde nos vamos a centrar. Continuamente estamos viendo como las editoras y estudios más importantes, comercialmente hablando, hablan de accesibilidad, de facilitar el acceso al mayor número posible de jugadores, de eliminar opciones aburridas, o simplificar directamente. Los juegos están llenos de ayudas y soplapolleces para que el jugador no tenga problemas en terminarlo, flechitas que indican el camino en juegos de rol como Skyrim, del que dicen que es el no va más en los juegos de rol, cosechando dieces a trogollón con una legión de presuntos periodistas flipaos alabando sus virtudes.
Tenemos a medios alabando esa ayudas, las opciones automatizadas en los juegos y, lo que es peor, criticando con saña cualquier cosa que pueda suponer un esfuerzo por parte del jugador, sea dificultad o complejidad en las acciones que hay que realizar. Y no digamos si hay que leer mucho texto. Eso ya es la condena al infierno, usando la típica frase del cateto: “para leer texto, leo un libro”, cuando seguramente la persona que dice eso está tan cerca de un libro como yo de Marte. Los jugadores no se quedan cortos con frasecitas ilustres del tipo: “es que si llego cansado a casa no me apetece romperme la cabeza con cosas raras”.
Efectivamente, es mejor que todo nuestro esfuerzo se lo lleve la empresa para la que trabajamos, aunque sea un trabajo rutinario de nulo esfuerzo intelectual, mientras que para el resto de actividades de tiempo libre mejor dejar el cerebro tranquilo, no vaya a ser que se lesione. Así, poco a poco, lo que conseguimos es que la sociedad se vaya haciendo más lerda. Si a eso se unen determinados sistemas educativos y a las actitudes de los medios de comunicación, tenemos como resultado una sociedad atrofiada y fácil de manipular. Y yo, que soy un majadero, empiezo a pensar que nada de esto es casual.
Lo más ridículo de todo es que estamos hablando de videojuegos, no de física cuántica. Ni que fuera algo tan complicado, maldita sea. Los de mi generación jugábamos a juegos con unos niveles de dificultad inhumanos, o con unos acertijos cum laude. Y no creo que fuéramos más listos que las generaciones actuales. Disfrutábamos igualmente y no se nos ocurría decir que un juego era malo porque era difícil. Al contrario, superar los retos que proporcionaba el juego en cuestión era motivo de orgullo y satisfacción. Hasta nuestros penes crecían de manera ostentosa. ¿Por qué ahora no puede pasar lo mismo?. No logro comprender por qué se ha instaurado la pereza mental como eje central del entretenimiento electrónico y del ocio en general. Va a tener razón Umberto Eco cuando quería hacer una versión simplificada de El Nombre de la Rosa. De verdad, ¿no se están pasando de la raya con el culto a la gilipollez?. Si al final el mundo desaparece en 2012 que al menos el recuerdo que dejemos no sea el de nuestra extrema idiotez.



