Historias
El viaje de una Elfa
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- Creado en Martes, 20 Julio 2004 20:47
- Escrito por Lady Halcón
Hacía frío, era una mañana preciosa, el sol brillaba esplendido en el bosque,
los árboles parecían tener un color especial aquella mañana, Enola miro por la
ventana de su habitación y sintió una punzada en el corazón.
- Tal vez nunca os vuelva a ver, hoy es el día. He de partir.
Su padre entro en la habitación y miro a su hija, estaba muy serio.
- ¿Estás segura? ¿Realmente deseas volver? Aquel país ya no es lo que era princesa,
¿estas dispuesta a recorrer esas tierras para encontrar tus verdaderas raíces?
Enola, esta es tu tierra, has crecido aquí hija, aquello es el pasado, aquel país
Ella reconoció enseguida aquella mirada de su padre, la mirada de la añoranza. Se habían ido de Istaria cuando ella solo contaba con 10 años, pero allí habían sido felices, muy felices y sabía que en el fondo su padre también quería regresar, pero para él era demasiado doloroso, demasiado tarde. Había adquirido unas obligaciones insalvables con su pueblo, ese pueblo que fundó en Istaria y al que arrastró más allá del mar cuando la vida allí se hizo imposible.
-Padre, debo ir. Ya soy mayor, allí nací y siento la necesidad de volver.
Siempre habrá esperanza para Istaria, quien sabe papá, a lo mejor algún día podréis
regresar vosotros también.
Su padre la miraba con los ojos enrojecidos y aunque la entendía no podía evitar
sentir una pena inmensa en el corazón, su niña se iba. La abrazo, le dió un beso
en la frente, como siempre hacía, y salió de la habitación.
Enola cogió su pequeña mochila y partió.
El viaje fué largo y pesado, pero ella estaba ilusionada,
- Al fin vuelvo a mi tierra.
Una vez en Istaria decidió ir a New Bromel, allí empezaría su nueva vida. Encontró
a una buena maestra, ella le enseñó a coser y a conocer las plantas. Necesitaba
trabajar y lo hizo, confeccionaba pequeñas piezas de ropa que luego vendía o intercambiaba
con otra gente. También se especializó en el tiro con arco, si quería recorrer
aquellas tierras necesitaba estar preparada. Se pasó semanas en esa ciudad preparándose
y trabajando para conseguir algo de dinero antes de partir a otras ciudades. Aquello
le gustaba, era una ciudad tranquila y muy sencilla, pero le hacía sentir como
en casa.
Un día mientras descansaba en la plaza vió a dos mujeres, una era una elfa oscura
y la otra una humana, no sabía porque razón, pero algo le dijo que tenía que acercarse
a ellas y así lo hizo.
Aquella sin duda alguna había sido la mejor intuición que Enola había tenido
en toda su vida. Ellas eran Anika una jovencísima humana con la que enseguida
congenió y Maruxia, una elfa como ella, era más seria, pero a su lado, no sabía
porque se sentía protegida. Con ellas, sobretodo con Anika empezó a explorar todas
las tierras de los alrededores de New Bromel, aún era demasiado inexperta para
cruzar la puerta y trasladarse a otros lugares, eran demasiado peligrosos para
ella. Una tarde, se sentaron las tres y Maruxia, un poco seria la miro y le dijo:
- Enola has progresado mucho desde que te conocimos, queremos hacerte una propuesta.
Hazte de nuestro gremio, los Halcones Rojos.
Enola conocía a los distintos gremios y nunca se había planteado acceder a uno
de ellos, pero ahora que estaba con ellas se decidió, sola no podía hacer mucho
por Istaria, pero tal vez con el gremio podría aportar más. Les dijo que si, haría
todo lo que fuera necesario para ayudar.
Y así transcurrieron sus tres primeras semanas en Istaria, recorriendo parajes
de gran belleza y caminado con cautela cuando éstos se volvían tenebrosos. Fué
de caza muchas veces con Anika, incluso después de que ésta cambiara de gremio.
Los lazos establecidos entre ellas eran demasiado fuertes como para que pudieran
romperse por ese motivo, además Anika siempre estaba dispuesta a colaborar con
su antiguo gremio, ya fuera llevando materiales al terreno que los Halcones tenían
en una ciudad llamada Lerena o prestando una inestimable ayuda a Enola en todo
lo que podía. Eran buenas amigas y Enola se sentía orgullosa de tenerla a su lado.
Le enseñó muchas cosas, corrieron muchos peligros, más de los que la joven Enola
podía asumir, pero sabía que siempre tendría allí a su amiga para curarla. Enola
había encontrado sus verdaderas raíces, ahora se sentía en casa. Pero esa casa
se tenía que volver a levantar. Los Aegis habían arrasado muchas ciudades. Eran
amos de muchas zonas, pero no de todas, y mientras a ella le quedaran fuerzas
lucharía y trabajaría para que Istaria, volviera a ser un País en el que elfos,
enanos, hombres, dragones y resto de razas pudieran vivir en armonía y paz.
Y llego el día tan esperado por Enola, estaban ella y sus nuevas amigas en la
ciudad, descansando, Anika le había hecho una preciosa armadura a Enola, se la
puso, era estupenda, no habrían Aegis que la derrotaran. Anika con su siempre
irónica sonrisa la miró y dijo lo que Enola llevaba tiempo esperando escuchar.
- Ya estas preparada Enola ha llegado tu gran día, nos vamos a Lerena. El camino
es peligroso, iremos primero a Sslanis, allí cogeremos provisiones y emprenderemos
el viaje, son lugares muy tenebrosos, pero no tengas miedo. Iremos con Maruxia
y dos amigos de mi gremio.
Enola no se lo podía creer, tenía una mezcla de temor y ansiedad, era lo que
esperaba desde que había llegado a Istaria.
Se acerco a la puerta que la teletransportaría a Sslanis, se quedó quieta, el grupo la miró y le preguntaron si estaba bien, Enola les sonrió y dio el paso definitivo a su nueva vida en Istaria.



