Historias
La Vida de Anika Steiner
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- Creado en Miércoles, 24 Marzo 2004 02:59
- Escrito por Anika
Las velas del gran barco elfo se volvieron a inflar cuando una racha de viento las empujo con fuerza hacia delante. La embarcación de madera aumentó su velocidad notablemente y empezó a romper las pequeñas olas que se formaban sobre el mar, una línea de espuma en forma de flecha se iba formando al paso de la veloz embarcación por los mares hacia el continente de Istaria. En la ajetreada cubierta, repleta de cabos y velas, había una gran agitación, no solo de la tripulación sino de los curiosos pasajeros que ojeaban el horizonte en busca de una porción de tierra.
De la puerta del castillo del barco apareció Anika Steiner envuelta en una túnica oscura, Pausadamente se quitó la capucha dejando al descubierto sus largos cabellos de un color azul profundo, Anika cerró los ojos y se colocó la mano de forma que el sol no la dañara la vista, sintió el fresco aroma del mar y sonrió cuando sus mejillas captaron el calor del sol. Habían pasado ya seis días desde que embarcó y por un motivo u otro no había tenido la oportunidad de salir a cubierta. Los dos primero días estuvo completamente mareada en la cama por el movimiento del barco y cuando por fin parecía que se estaba acostumbrando, una fuerte tormenta de cuatro días obligó a ella y al resto del pasaje a permanecer en sus camarotes, pero todo había pasado, pensó para sus adentros feliz, Anika se quito por completo la túnica, capa y capucha incluida y la dejo sobre un barril al lado de la puerta, hacia muy buen día para ir tan abrigada, levantó los brazos con fuerza para poder desentumedecer los músculos, un ligero crujido de hombros marcó el final de su estiramiento, la cual aprobó con una sonrisa.
El semblante de Anika volvió a tomar un cáliz más serio al observar al horizonte, millones de recuerdos la perseguían y le hacían sumirse en sus mas profundos pensamientos. -¿por qué me decidí a venir? se preguntó.
Habían pasado ya cinco años, cinco años desde que su región fue asolada. Anika era de rica familia, y vivía en un pequeño castillo rodeado de un poblado de casas blancas, lo poco que recordaba o quería recordar se le había quedado grabado para siempre. Apenas tenia quince años en aquel momento, recordaba los largos paseos con su madre en los jardines de alrededor del castillo. No se puede decir que su castillo y el pueblo que les rodeaba fuera una gran ciudad. Apenas medio centenar de casas completaban la región. Pero era bonito. Muy bonito. Los verdes campos labrados formaban un equilibrio perfecto con el azul riachuelo que cruzaba el poblado. Todo tenia una tranquilidad acogedora. Todo... hasta que comenzó la batalla.
Anika recordó ese detalle con pena, bajo su cabeza y se quedó mirando los tablones del suelo de la embarcación. Los enemigos no habían sido detectados hasta que fue demasiado tarde. El padre de Anika, Arthur Steiner, no tuvo tiempo de avisar a sus aliados para pedir ayuda. Anika enmudecida frente al barco recordaba el momento en el que se despidió de su padre con un abrazo. Vestía una armadura plateada de escamas con una gran capa roja, su aspecto era embriagador, pero la joven chica no podía contener las lagrimas mientras su padre se alejaba tras las puertas del castillo.
Los hombres del duque lucharon valientemente tras la frontera del poblado. Pero no era un enemigo común, decenas de zombis putrefactos, esqueletos y golem de todo tipo atacaron con paso lento pero continuo a las tropas de la región. Los hombres cayeron uno por uno bajo su malévola magia y su fuerza sobrenatural. El duque cayó poco después en la batalla. Un soldado herido de gravedad pudo entregar el casco a su mujer entre lagrimas.
Anika presenciaba todo escondida tras el trono, los últimos reductos de la guardia del castillo se atrincheraron en la sala del castillo, toda persona viva que quedaba se había resguardado, montones de escombros estaban amontonados sobre la gran puerta de roble con la esperanza de poder frenar las hordas de no-muertos, un largo silencio se hizo sobre la sala, la tensión se palpaba en el ambiente, y Anika no podía mirar mas que horrorizada como por los ventanales del castillo se veían gigantescas columnas de humo negro proveniente de lo que antes era un hermoso poblado.
Un fuerte sonido la sacó de sus pensamientos, sus enemigos ya estaban aquí, Anika callo hacia atrás al retroceder asustada. Otro fuerte golpe desprendió pedazos de astillas de las puertas he hizo caer polvo de cal del techo, al tercer golpe la puerta cedió por la mitad, astillándose y partiéndose como una vulgar ramita, fue necesario un cuarto golpe para terminar de apartar la puerta del camino. En su lugar pareció una visión horrible, un gran esqueleto.. Un golem de hueso de cinco metros irrumpió en la sala, portaba un escudo y una maza del mismo material que su cuerpo. Balanceándolos en un alarde de fuerza y destrucción. Tras de el, decenas de zombis y esqueletos le seguían. Ante la asutada gente, el golem blandió su maza y arrojó varios cuerpos hasta las paredes como si fuesen hojas secas, los guardias de palacio en un grito de guerra se lanzaron contra los agresores, las espadas chocaron y empezó una lucha encarnizada. Montones de cuerpos en la batalla estaban cayendo. A esto se le sumaban los campesinos intentado huir a toda velocidad, formando un ajetreado grupo que caía fácilmente a merced de los esqueletos que portaban arcos.
Anika quería correr junto a su madre, la cual se encontraba junto a los hechiceros. Decenas de bolas de fuego y hielo salían de estos con la esperanza de parar a las tropas y al gran golem. Anika quería estar allí quería ayudar, pero en lo mas hondo de su corazón sabia que no podía hacer nada, lloraba desconsolada, salió de detrás del trono para acudir a ayudar a su madre, pero algo la agarró del brazo, Khan, uno de los amigos del duque, herido en un hombro, la sujetó de la muñeca y movió su cabeza para indicarle que no se moviera. El viejo enano portaba una gran hacha que apenas ya podía sujetar con su brazo herido. Sus barbas blancas se encontraban manchadas en un tono gris ceniza tras las batalla. Khan miró a Anika con compasión y señalo a la duquesa, Anika miró entre sollozos a su madre, la reina tras las líneas de hechiceros, estaba quieta, con la cabeza baja y los brazos sobre el pecho, murmuraba algo, algo que Anika no podía oír.
Una explosión de fuego que cegó a Anika se formó frente a su madre y el golem de hueso, de ella apareció un símbolo, un circulo y dentro una estrella marcada en fuego con textos arcanos. Tan grande como el golem. Se había abierto un portal, de el apareció de repente una figura enorme, un ser de fuego, sus grandes brazos se agarraron al símbolo para poder salir, saco su cuerpo sin dificultad, era una figura aterradora.

Completamente de un color rojo, parecía estar completamente hecho de fuego, pero no tenia una forma indefinida como los elementales de fuego normales, este era sólido, enorme, sus grandes brazos le llegaban hasta la rodilla. Los antebrazos eran casi tres veces mas grueso que el propio brazo y terminaba en unas manos con grandes garras. Su cabeza era imponente, seis ojos cubrían su rostros, en dos columnas de tres, de repente el símbolo despareció y el gigante de fuego quedó inmóvil. Anika estaba sorprendida a la vez que aterrorizada, miro a Khan un momento el cual exhibía una enorme sonrisa, Anika volvió a mirar al gigante y murmuró yen-lo-wan... Khan asintió en silencio.
De repente el golem de hueso atacó con su gran maza al gigante de fuego, levantó el brazo para asestar un golpe mortal pero al bajar el recorrido fue interrumpido cuando yen-lo-wan agarró su antebrazo con fuerza, sus ojos empezaron a brillar con una luz amarilla, sus ojos inferiores desaparecieron, yen-lo-wan gritó como una bestia y abrió una improvisada boca donde antes estaban sus ojos inferiores lanzando un tremendo puñetazo con su brazo libre sobre la cabeza del golem reduciéndola a polvo, otro penetrante aullido y el gigante de fuego arrancó sin problemas el brazo del golem, lanzó una patada y destrozo las costillas y el esternón hundiéndolas hasta la columna. Los restos del golem se desplomaron ante la mirada de sus lacayos, el gigante de fuego, se puso de cuclillas y salto sobre el enjambre de no-muertos, como un loco empezó a balancear sus gigantescos brazos de un lado para otro, repartiendo golpes entre las filas de zombis, los iba lanzando en docenas hacia las paredes, pero estos parecían volver a levantarse, lentamente.. Como un grupo de hormigas asesinas empezaron a subir por el cuerpo del gigante. Este seguía repartiendo golpes a diestro y siniestro, hubo un momento en el que estuvo completamente cubierto de zombis, pero en ese momento una explosión sacudió su interior y todos fueron lanzado envueltos en llamas contra las paredes. Yen-lo-wan, arrastró su brazo por el suelo como una pala y aplastó a varios no-muertos contra quedándolos clavado en la pared y las puertas destrozadas de roble, entre golpe y golpe. Lanzaba furiosos rugidos que hacían que las vidrieras que aun quedaban en pie temblaran hasta llegarse a romper.
Anika empezaba a sonreír, parecía como si empezasen a ganar terreno a los no muertos. Pero de pronto su alegría se disipó, tan rápido como había entrado, yen-lo-wan se desvaneció entre su propio fuego, Anika extrañada miró a su madre, y le horrorizó lo que vio. Su madre yacía en el suelo con una flecha en su corazón, los hechiceros intentaban salvarla pero era demasiado tarde. Una desafortunada flecha había acabado con su vida y con las esperanza de poder salvar a todos. Anika no tuvo tiempo de reaccionar, rápidamente fue arrastrada por Khan hasta un lugar seguro tras el trono. No tardaron e seguirle los no-muertos y khan intentaba frenarlos como podía, hachazo tras hachazo con su mano torpe iba frenado el avance de los zombis que solo podían acceder a la galería uno a uno, lo que facilitaba las cosas. Khan ordenó a la chica que se alejara lo máximo posible. Anika no quería pero salió corriendo al recibir un grito del enano. Corrió todo lo que pudo tropezando varias veces con los salientes de la escarpada piedra. Después de unos minutos corriendo avistó una luz al fina, estaba salvada, pensó ella, podría escapar de ese tormento.
Su alegría duró poco. Un golem de arena estaba a su lado cuando salió y percibió la presencia de la chica, Anika asustada.. Paralizada.. No podía hacer nada salvo observar como el golem de pierda levantaba su gran brazo. Anika cerro los ojos y interpuso sus manos para parar los golpes gritando y comprendiendo que este era su final. Sus lagrimas resbalaron por sus mejillas... mientras gritaba para negar lo evidente algo sorprendió a Anika, una luz.. Algo había hecho, algo había pasado... una forma de luz se creó delante de ella. En décimas de segundo un escudo con formas de luz se planto delante de ella... paró el golpe directo... pero el golem tenia tanta fuerza que lanzó a Anika contra la pared de piedra... el golpe fue tan fuerte que su vista se volvió negra y perdió el conocimiento.
Cuando Despertó, sintió que iba a caballo, acostada había un hombre que la había recogido, intentó girarse para moverse, pero una punzada de dolor sacudió su cabeza. La mano del caballero se posó sobre su espalda tratando de tranquilizarla. Anika se volvió a desmayar cuando intentó levantarse.
Una mano sobre el hombro de Anika la sacó de sus pensamientos haciendo que sacudiera la cabeza para despejarse
- ¿Estás bien? preguntó una suave y armoniosa voz de un hombre
Anika giró mientras se enjuagaba las lagrimas en la manga y vio a un joven elfo de largos cabellos, sus rasgos afilados y sus largas y puntiagudas orejas le hacia parecer delicado, aunque su fuerte cuerpo afirmaba sin palabras lo contrario.
- ¿Estás bien? volvió a preguntar, el elfo entregó a Anika un pañuelo
- Si, perdona respondió cogiendo agradecida la prenda estaba pensando
- No parecían recuerdos agradables- dijo sonriendo - mi nombre es Lenwe, pareces ser una de las pocas personas sensatas en este barco dijo el elfo mientras señalaba con una sonrisa a un grupo de enanos que correteaban por la cubierta haciendo cálculos con extrañas herramientas - ¿te gustaría acompañarme a una taza de te? Me apetecería oír alguna historia de humanos-
Anika afirmó con una sonrisa y aceptó gustosa la taza de té hecha con finas hierbas élficas. Se sentaron en unas cajas y Anika le contó parte de la historia, obviando las partes trágicas, le contó que el hombre que le recogió y la salvó resultó ser su primo Víctor, que apareció en el momento preciso para ayudarla. Le contó también como se exilio a las montañas donde vivía su familia materna, allí estuvo al cuidado de su abuelo, el cual le enseño los caminos de la magia arcana, quería vengar a su familia y a la gente de su pueblo. Anika tenia ya veinte años, habia pasado cinco desde la masacre, le comentó que el motivo del viaje a tierras de Istaria era porque en la gran guerra de su castillo, la ultima voz de un soldado moribundo fue... Aegis y hace poco haba oido la misma palabra refiriéndose a una conversación sobre Istaria
El graznido de una gaviota sobre el barco atrajo la atención de todos los que allí se encontraban, por fin, uno de los marineros grito tierra y todos los integrantes se asomaron por la borda en busca de tierra. Allí. Hacia el frente del barco se divisaba la costa de unas de las islas de Istaria.. El capitán del barco se subió al castillo y gritó para todos ¡¡Bienvenidos a la Isla de Nuevo Brommel!!
Anika se puso en pie y sacó una carta, estaba abierta, el sello de cera estaba partido y tenia grabado un halcón con las alas levantas, era una carta de su abuelo, para un gnomo amigo suyo llamado Barri, según él, esta carta le permitiria la entrada a Istaria sin problemas y la posibilidad de unirse al gremio de los halcones para conseguir comida y alojamiento... ¡la aventura comenzaba!



